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[EL PUEBLO DE FILIPINAS](https://lawyerly.ph/juris/view/ce122?user=fbGU2WFpmaitMVEVGZ2lBVW5xZ2RVdz09)
{case:ce122}
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[ GR No. L-1654, Nov 20, 1948 ]

EL PUEBLO DE FILIPINAS +

DECISION

82 Phil. 122

[ G.R. No. L-1654, November 20, 1948 ]

EL PUEBLO DE FILIPINAS, QUERELLANTE Y APELADO, CONTRA BARTOLOME AGUILAR, ACUSADO Y APELANTE.

D E C I S I O N

PABLO, J.:

Bartolome Aguilar fue condenado por el delito de traicidn a reclusion perpetua con las accesorias prescritas por la ley, pagar una rsulta de P10,000.00 y las costas.

En apelacidn, acude ante este Tribunal pidiendo su absolucidn. Alega que tres errores cocietid el Tribunal del Pueblo: (a) al dar credito al testimonio InAbais 7 Pascual Albaradc; (b) al no tener el cuenta la regla de cos testigos; y (c) al condenar al acusado por el delito de traicion.

Los testigos Severino Abais y Pascual Albarado cleclararon que el acusado habia denunciado en 13 de Julio de 1943 a Severino Abais, Juanito Fernandez y un tal Telo de haberse apropriado de arroz, cigarrillos, goma y medicina para darselos a la guerrilla. El acusado, como capataz, y los denunciados, corao obreros, estaban entonces prestando servicios en el Komocho o bodega en donde estaban depositados los efectos del ejercito japonls en la Giudad de Cebu. Por esta denuncia algunos soldados japoneses acompafiados por el acusado y un interprete japones arrestaron a los tres denunciados, atandoles por las manos. Se les sometifi a investigacion, y coeio no contestaran a satisfaccion de los investigadores, fueron maltratados. Despues, los denunciados fueron asiarrados a un tubo de hierro, como si fuesen unos animales de labor. Una y media hora mds tarde fueron trasladados a un lugar donde estaba elc entinela y alll otra vea fueron maltratados en presencia de muchos obreros que fueron llaniados expresamente para presenciar el inhumano y bdrbaro maltrato de que fueron objeto. Al siguiente dla los denunciados fueron colgados de un arbol de acacia con las manos atadas sobre sus cabeaas. Para aumentar la ignominia de su desgracia se les despojo" de su pantalon, dei£ndoles solaraente en camiseta. Hientras estaban suspendidos del arbol se les empujo para que, como pondulos, oscilasen de un lado a otro, y en este estado algunos soldados japoneses les maltrataron: un soldado les pe&o con un bat de baseball, otro soldado aplico en sus cuerpos el fuego ue mi cigarrillo y el acusado saco su cinturon con el cual pegd a Severino Abais en la cabeza y otras partes del cuerpo. Ho contento con esto, el acusado vacio casolina a los colgados, prendiendo fuego de spue's con un psdaso de papel a las partes privadas de Juanito y de Severino. Al quemarse las cuerdas, los colgados se desploniaron al suelo inconscientes. Al siguiante dla los tres iualtrataclos fueron puestos en libertad; pero Juanito Fernandez no gozo de ella porquo fallocio algdn rato despues, liabilndose quedado su parte privada tan achicharrada que ya no podia echar agvia. Por las quenaduras, Severino Abais fue llevado al hospital, y en la fecha de la vista de esta causa que tuvo lugar el 17 de enero de 1947, no podia aun levantar con su nano derecha cosas pesadas como podia hacerlo antes ' del malti'ato. Como trlste recuerdo de sus sufimientos, Abais demostro en el dla de la vista su nano derecha con Una cicatriz de 7 pulgadas de longitud; otra en la pierna derecha de h pulgadas de diametro; otras en la nano izquierda y otra en la cintura, todas de 3 pulgadas de daimetro.

Los obreros de la bodega fueron llarnados para presenciar las torturas a que fueron soinetidos Severino, Juanito y Telo con el fin de que aquellos se dieran perfecta cuenta del castigo que so impone a los que prostan ayuda a las guerrillas; para hacerles conprender que si no querlan recibir igual tratamiento que no deberlan toner relacidn con las rnisnas y que ol que ayuclaba al e^orcito japone's, como el acusado, tenfa derecho a ir.altra.tar cono an soldado conquistador. Aniquilar a las Guerrillas pensaban los soldados japoneses es aniquilar la resistencia armada. Por eso ellos enprendieron la obra de eliminacion persiguiendo despiadadamente a lac guerrillas y sus simpatisadores o a los que tenlan relaciones con ellas, exponiendo cstas horrorosas torturas a la vista cle todos para que el piiblico huya da las guerrillas. Y el acusado ayudo a los soldados japoneses en esta obra de persecucion y supresion de guerrillas, torturando a tres pobres obreros de la bodega y causando la muerte de unc de ellos para asegurar la liegemonia del ejereito japones en su pals invadido.

En apoyo de su contencion de que la declaracion de Abais es increible, la defensa precunta: si solaconte arrojo el acusado gasolina a la parte privada del tectico, prendiendola fuego despues, por quo habia tenido quenaduras el testigo en el braso derecho y en la piorna dereciaa sin quemars.e otra parte del cuerpo? Las cicatrices en las cianos izquierda y derecha, en la pierna dereclia y en la cintura ya descritas mas arriba son la nejor prueba de las quemaduras, y si el testigo no hablo mas que de la quemadura en la parte genital, que es la que rads le impresiono, no por ello no ha de merecer credito su testimonio. Esas cicatrices que han sido vistas por los tres jueces del Tribunal y otros empleados durante la vista son ma's elocuentes que el testimonio del testigo. Su silencio sobre algunos detalles puede atrlbuirse a olvido o por omisidn del fiscal. No se puede negar que el testigo sufrio quenaduras, aunquc no las nenciono todas.
   
  El testico Abais dice la defense. queria hacer creer al Tribunal que ol acusado Dartolone AGiuilar que no era mas que un simple capataz, o.1o orclones a los aoldados japoneses para arrestarle; que "ejercla tj.'or.endo podor e influencia y que podia clar ordeneG a los soldados japoneses." Este arguinento no tisne inportancia si so tiene en cuenta que si teotico nc Iia dicho tal cosa en las preguntas directas sino cuando la defence, formulo la seguinte repregunta sufjestiva. "Q. Awd you said that that arrest was upon orders of the accused given to the Japanese. Did I get you all richt? A. Yog, sir." Una contestacion obtenida bajo tales circunstancias, no hace incroible el testimonio del testigo. La aparente contradiccion de su declaracioncon la de Pascual Albarado obedecio a sorpresa e inadvertencia debido a preguntas sugestivas. "La merite en este caso," dijo oste Tribunal en Pueblo contra Limbo y Limbo (49 Jur. Fil., 99), "incapaz de raciocinar, no hace mds que reflejar, a nodo de eco, la idea sugerida. El Profesor Ed. Claparede, Director del Laboratorio Psicolo gico de la Universidad de Genova, en su obra 'What is the Value of Evidence,' dice: "En la prestacion del testimonio la sugestion cleseinpena un papel nuy inportante. El rnero hecho de preguntar a un testigo, de urgirle a que conteste, aumentan enormemente los errores de su testinonio. La forma de la prcgunta tambie'n influye en el valor de la contestacion que se da a slla. Suponsanos que a cierta persona se le pre'juntase acerca del color do cierto perro. Las contestaciones serfan mas exactas si se le prcguntase: "Que color tenfa el perro?", que si la prccunta serla cornpletaniente sugestiva si prefuntasemos: "Era bianco el perro?" * * * Una pregunta sugestiva puesta a un testigo y que crea una inferencia en su r.cnto, puede influir para que declare de acuerdo con la sugestion transmitida por la presunta; su contestacidn puede cer 'un eco de la preguivta1 ni.s bien que un verdadero rocuordo de los acontecinielites, * * *" (2 Moore on Jacts, 913) Fuera de la contestacidn a la reprecunta citaaa, la dcclaracidn del testijo Abais corrobora subrjtancialnente la del otro testigo Albarado. Una contradiccidn obtenida por la defensa bajo tales circunstancias no desmerce, ni afecta la crcdibilidad de los dos testigos.

La declaracion de Pascual Albarado de que la cuerda se quemo y por eso cayo Sevorino Abais al suelo es sostiene la defensa improbable y fantastico; si solamente se arrojo gasolina sobrs la parte privada de Geverino Abais, "por que se quemo hasta la cuerda?" pregtuvba la defensa. Juzgando por las varias cicatrices que oe encontraron en el cuerpo de Abaic, es fuerza concluir que se liabrd arrojado no pequena cantidad de gasolina contra el acusado y por eso se mojaron varias partes de su euorpo, inclusive el necate que, como es poroso, habrd absorbido bastante cantidad, la cantidad cufieiente para que ol fuego lo quemase. No hay. nada de fantastico ni improbable en la quemadura del raecate.

Si Albarado se habia escapado como uno de los obreros de la bodega, por quo pregunta la defensa habia de volver aun y situarse a unas 7 brazas de distancia del lugar en que estaban colgados sus compañeros? La defensa sostiene que es cpntraria al sentido eoir.un esta declaracion. No todas las personas obran de una misma manera, bajo el impulso de un solo movil: algunas obran por sisipatla, otras por miedo, otras por curiosidad or por algun otro motivo.  Hay fotografos que ponen en peligro su vida solo para obtener en una catdstrofe una fotografia. Hay corresponsales de prensa que toman parts en las batallas solainente para podor dar infornacifin a sus leetores. Si el miedo se nubiera apoderado completamente del testigo, es indudable que no' Iiubiera vuelto al lugar; pero si la curiosidad ejercio mas influencia sobre su anirao no es extrafia su condueta: querla saber la suerte que les cupo a sus compañeros. No es nada extraño el que Albarado haya pre3encir.do la tortura de sus conpaieros, puos querla tenor una idea cabal de lo que eran capaces los japoneses.

Lo que no merece credito cs el testimonio de Selencio Villano, testigo de la defensa, que declaro que oaverino Abais pidio ayuda al acusado, y al no darle por el gusto le amenazo con estas palabras: "There will be a day when I will have my revenge." Si Abais habia side ya objeto de varios maltratos, como podia atreverse a anenazar al que le denuncio", a su verdugo? Era nostilizarle innecesariamente.
   
 En nuestra opinion, el Tribunal del Ptieblo no incurrio en los errores apuntados por la defensa. Las pruebas deinuestran de una manera acabada que el acusado, sabiendo quo coaio ciudadano filipino, debla lealtad a su gobierno, ayudo a los soldados japoneses en su campana de supresion de las guerrillas al objeto de asegurar su triunfo definitivo, con infraccion del artlculo 114 del Codigo Penal Revisado.
 
Se confima la sentencia con coctas.

Paras, Feria, Perfecto, Bengzon, Briones, Tuason, y Montemayor, MM., estan conformes.

MORAN, Pres., concurrente:

Concuro con el raciocinio de esta decision, pero creo que el acusado y apleante merce la pena de muerte ante la ley.

Se conforma la sentencia.


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